sábado, enero 28

9 Songs

9 Songs es la penúltima cinta del aclamado realizador británico Michael Winterbottom, y a año y medio de su estreno en el resto del mundo finalmente llega a las salas mexicanas. La película se había exhibido en un par de ocasiones el año pasado en la Cineteca Nacional dentro del ciclo El Rock en el Cine, organizado por la Cineteca y por Reactor 105, e incluso puede conseguirse en DVD desde hace varias semanas.

Dudé si escribir algo sobre la película en este espacio dado que ya lo hice en el Blog de música de Monoaural, pero como me quedaron cosas por decir y de todos modos mis posts sobre cine suelen ser multipartes y no siempre en un sólo lugar, pues aquí voy...

No he visto tantas películas de Michael Winterbottom como me gustaría -muero de ganas de ver 24 Hour Party People-, pero basándome en lo que ví en Wonderland y en Jude, hay algunas cosas que me quedan bastante claras sobre su trabajo. Lo primero que salta a la vista es su habilidad para capturar personajes reales con los cuales el expectador pueda sentirse relacionado desde el primer momento. Normalmente no veremos en sus películas a ninguna estrella de Hollywood de las que acostumbran acaparar portadas, sino a gente de aspecto normal, quienes podrían ser nuestros vecinos o la gente que viaja a nuestro lado en el metro o el camión.

Lo segundo que es notorio en su trabajo es el compromiso por retratar lo más fielmente posible los pequeños detalles que distinguen a la sociedad contemporánea. Y esos dos elementos son parte esencial de 9 Songs. La principal razón por la que la película ha recibido atención en los medios es por su alto contenido sexual, el cual llevó a las autoridades de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía a clasificarla como D, clasificación normalmente reservada en nuestro país para el cine porno.

No es posible negar que en efecto las escenas de sexo son completamente explícitas, pero me parece que se les está midiendo sin considerar el contexto de la historia. Y la traducción del título al español como 9 Orgasmos tampoco ayuda. Porque 9 Songs es, para fines prácticos, una historia de amor. O de desamor, si adoptamos cierto punto de vista.

Winterbottom corre un gran riesgo narrativo. En vez de contar su película a partir de las conversaciones y momentos compartidos por sus protagonistas, permite que sean los momentos en que no los vemos juntos los que expliquen el desarrollo de su relación. Matt es un joven británico quien aparentemente es científico y trabaja en la Antártida. La película muestra sus recuerdos e impresiones de una relación de casi un año con Lisa, una joven norteamericana de visita en el Reino Unido por razones no del todo claras.

Empezando la película queda claro que la relación entre Matt y Lisa ya acabó. Algunos comentarios de Matt presentados como voz en off explican momentos relevantes de la relación, pero es aquí donde Winterbottom toma un riesgo y cobran importancia las nueve canciones a que hace referencia el título.

Las letras de las canciones -que en realidad son ocho, pues la de Michael Nyman no tiene letra- son las encargadas de llevar la historia, y los encuentros sexuales que siguen a cada presentación en vivo son casi una respuesta a las mismas. El progresivo deterioro de la relación se ve reflejado en el creciente pesimismo de las letras de las canciones y en los esfuerzos de ambos por mantener encendida la chispa de su atracción sexual a base de la experimentación.

El experimento narrativo me parece sobresaliente. Recuerdo haber leído en una crítica que las escenas de sexo eran demasiado explícitas y que a los conciertos les hacía falta una visión más clara del escenario y close-ups de las bandas. A lo que debo responder diciendo que el sexo está filmado de una manera casi casual, sin coreografías rebuscadas o un juego de cámaras oportunista como se acostumbra en el porno, en tanto que la forma en que se presentan los conciertos consigue mostrar dichas presentaciones de una manera muy similar a como se les experimenta en vivo, a cierta distancia del escenario y con la vista parcialmente obstruída por aquellos enfrente de uno.

Resulta refrescante encontrar a un director consciente de que el cine puede -y debe- ir más allá de los visuales para contar una historia. El cine, como todo trabajo creativo, funciona gracias a una interacción entre autor y audiencia, pero tantos años de historias obvias y predigeridas a las que nos ha acostumbrado Hollywood parecen haber desgastado nuestra capacidad para interpretar o analizar lo que se nos presenta. Y resulta injusto culpar a un director por la apatía y renuencia del público a pensar o a interpretar la información que recibe.

En relación al contenido sexual de 9 Songs, si, es fuerte y se presenta de una manera tan natural que raya en lo crudo, pero me parece absurdo que vivamos en una sociedad que no tiene reparos en aceptar y aplaudir una televisión llena de doble-sentidos de mal gusto y de un amarillismo y sensacionalismo penosos, pero sea capaz de sentirse terriblemente ofendida ante una representación física de afecto entre dos personas. En el cine al cual asistí al menos unas quince personas abandonaron la sala a mitad de la proyección.

9 Songs no es una película que pueda gustar a cualquiera, pero creo que quienquiera que esté dispuesto a hacer un esfuerzo por entender las intenciones del director puede salir de la sala gratamente sorprendido. Lo único que puedo comentar en contra es que el audio no es tan limpio como pudiera desearse, lo cual llega a afectar la experiencia audiovisual que esta película pudiera llegar a ser.

Otra cosa que llamó mi atención fue la frase promocional elegida para promover la cinta en México. En el poster puede leerse, debajo del título y casi a modo de advertencia, "una historia de amor EXPLÍCITA" (así, con mayúsculas). Personalmente me hubiera gustado más ver una traducción del slogan utilizado en Francia: "69 minutos de sexo y rock & roll".
Se produjo un error en este gadget.